Me intimida pensar en el amor, quizá es por eso que lo
cuestiono. Temor… ¿a qué? A dañar y ser dañados, respondimos. El Síndrome del
Erizo que aun no me es posible despojar, resuena como eco demostrando la
soledad. ¿Por qué no me dejo abrazar? Porque si lo hago siento la necesidad de
no soltarte, ¿por qué no me dejo acariciar? Cada vez que sucede mi cuerpo se
tiende a paralizar y mi mente a divagar ¿por qué me alejo de ti? Porque quiero
aclarar esto. Ok esta es la verdad ¿la quieres?, No te puedo ni mirar porque en
mis ojos está la respuesta. ¿Había mentido en ese momento? Sí, sin saber aún
que sería una falacia. La llave que libera esas réplicas para cerrar tus
preguntas, que ironía, no estaba más en mi mirada. Engaño, algo que logré con
ellos, pero también conmigo mismo. Pues no somos más que uno en la unión de
todos, somos el mismo en diferentes ojos, en diferentes tiempos, en diferentes
espacios. En ese cuarto obscuro donde siempre nos reunimos, el único lugar
donde coincidimos, donde no existen los reflejos del espejo, donde conversamos,
donde “Ellos” forman parte de mí, en ese lugar amorfo llamado mente, ahí es
donde me oculto. Y contiguo a ese cuarto, ese nuevo mar para navegar ¿será eso
cierto?

No hay comentarios:
Publicar un comentario